Palabras de la Madrina de la III Promoción de Estudios Internacionales USM

Doctor  José Ceballos Granados, Rector de la USM
Licenciado Ramón de Torres, Vicerrector Académico de la USM
Doctor Inocencio Figueroa, Decano de la Facultad de Derecho
Doctor Jorge Dugarte, Director de la Escuela de Estudios Internacionales
Profesores, ahijados, graduandos, señores y señoras
Amigos todos,

Es para mí, motivo de gran satisfacción  acompañarlos en este día como profesora y como Madrina. Por esta distinción les expreso mi agradecimiento. Lo considero un honor y una muestra de aprecio que valoro profundamente. Mi saludo  y reconocimiento también al Prof. Vicente Márquez que comparte conmigo ser padrino de esta promoción.

Deseo  aprovechar esta ocasión para agradecer a mi mentor y además gran amigo, el Doctor Hilarión Cardozo, primer Director de la EEII, quien se empeñó en acercarme a la docencia. Como siempre, tuvo razón pues despertó en mí una vocación que me era desconocida y que ahora disfruto plenamente.

Es verdad. Nunca en mis años como diplomático de carrera del servicio exterior venezolano pensé en la posibilidad de ser docente universitario. La vida y sus circunstancias, y mi amigo el Dr. Cardozo se encargaron de ponerme en esta senda que ha probado ser por demás satisfactoria y sumamente enriquecedora. Ver una nueva generación de profesionales de las Relaciones Internacionales prestos a enfrentar el mundo es la evidencia más palpable de ello. Poder ser  testigo y actor del proceso de maduración y formación de tantos jóvenes, además de ser una gran responsabilidad ha sido y es, una de las mejores misiones que me ha tocado desempeñar en la vida. Les deseo a todos y cada uno el mayor de los éxitos y felicito a sus padres y familiares quienes los han acompañado en el transcurso de este proceso a veces difícil pero siempre positivo.

No quiero caer en lugares comunes y expresar ideas trilladas alusivas a la ocasión. En un país que atraviesa un proceso de cambio y transición tan complicado como el actual, más vale que reflexionemos un poco sobre la calidad y cualidades que deben privar en ustedes noveles profesionales que salen de las aulas universitarias para contribuir con su trabajo y recién adquiridos conocimientos en la construcción y desarrollo de Venezuela.

En primer lugar, y como muchas veces me lo han escuchado decir, sean fieles a sus principios y a los valores que sus familias les han transmitido. En ello encontrarán fortaleza y razón cuando sea necesario. Sean ustedes mismos, cambien para mejor cuando corresponda, enriquézcanse con nuevos conocimientos, manténganse siempre al día y bien informados,  formen parte de la vanguardia, nunca de la retaguardia. Sean activos, no reactivos. No esperen que las circunstancias los alcancen sin estar preparados para lograr la mejor solución a los problemas. No pierdan jamás el sentido de la responsabilidad frente al trabajo y a sus acciones ciudadanas. El mejor país se construye cuando todos y cada uno de sus habitantes conoce cuáles son sus derechos y obligaciones y cumple a cabalidad, con honestidad y responsabilidad sus compromisos.

Sean siempre honestos. Con ustedes mismos y con los demás. Llevar la cabeza en alto sin tener que avergonzarse nunca de alguna acción deshonesta es la más importante herencia que se puede dejar en este mundo. Un nombre, una reputación y una trayectoria sin mancha, valen más que cualquier cantidad de millones. La satisfacción del trabajo bien realizado de acuerdo a las propias convicciones es la mejor de las recompensas. Poder descansar tranquilos, sin ninguna clase de remordimientos: NO TIENE PRECIO.

Practiquen la justicia, que es la base de la paz y del desarrollo. Sin justicia, no hay respeto y es muy factible incurrir en actitudes prepotentes y destempladas que no reportan beneficios. Aprendan a ser tolerantes, a entender que cada uno de los seres humanos es una individualidad: con sus virtudes y sus defectos, cualidades y debilidades, pero sobre todo son seres humanos con derechos y necesidades iguales a nosotros, que deben ser respetados.

Un internacionalista convencido, debe practicar la tolerancia para poder realizar su trabajo exitosamente. El mundo fuera de estas paredes es inmenso, amplio, distinto y diverso. Si no lo entendemos así y nos ubicamos en nuestro exacto contexto, si no aceptamos que nosotros somos parte integrante de él y no la cúspide ni el epicentro, fracasaremos en nuestro empeño al ejercer una profesión que  se basa en la negociación, la cooperación y el trabajo en equipo  y no en la fuerza, la imposición o la retaliación.

Nunca olviden en el ejercicio de su actividad profesional el derecho más importante, inalienable, imprescriptible e intrínseco del ser humano: la libertad. Ella, la libertad, va de la mano con los principios y valores a los que me he referido. En su nombre, la humanidad ha librado sus batallas más trascendentes que nos han abierto inmensas posibilidades, al tiempo que nos hace ser más responsables en su ejercicio para no vulnerar o perjudicar los derechos del otro.

Pero por encima de todo, pongan pasión, mucha pasión en todo lo que hagan. Enamórense de su trabajo, de su actividad diaria, no dejen que la rutina los atrape, sean innovadores, busquen las oportunidades de progresar.  Vivan la vida con entusiasmo, con gratitud, entendiendo que cada día es un regalo que Dios nos da y que no podemos desaprovechar. Como dijo ayer Vargas Llosa: “Aún en las peores circunstancias, hay esperanzas y vale la pena vivir”.

Aquí en la Universidad los hemos dotado con las herramientas necesarias para triunfar. Todos y cada uno de ustedes reúne condiciones que los hace únicos y diferentes de sus compañeros. Vayan pues y conquisten sus metas. Aquí nos quedamos nosotros para ser testigos de sus triunfos. Que Dios los bendiga a todos.

Embajadora Marisol Black Llamozas

Caracas, 8 de diciembre de 2010